Hace unas semanas escribí una entrada dirigida a las personas sin hogar, presentando la iniciativa europea que promueve FEANTSA, cuyo lema es “Acabar con el sinhogar es posible”, y la campaña de concienciación “Son derechos, no regalos” lanzada por Cáritas. Hoy me gustaría profundizar sobre el tema, pues hace unos días vi un programa en la cadena autonómica Canal Sur, 75 minutos, que se titulaba “A la intemperie” e iba dirigido a este colectivo, que se encuentra claramente en una situación de exclusión social, pues como podemos leer en el artículo de Sonia Madrid en la página de Eduso, “la situación de sinhogarismo es un proceso multidimensional, en tanto en cuanto, forma parte de la situación de exclusión social y éste viene influenciado por varios factores hasta concluir en una situación de sin vivienda”.
Antes de centrarme en el documental, me gustaría ahondar en el concepto de la palabra hogar, así como las dificultades de estas personas para la integración en la sociedad.
Como decía el lema del día de los Sin Techo en 2008, “no tener hogar es mucho más que no tener techo”. Cuando hablamos de hogar nos referimos al lugar donde cubrimos nuestras necesidades más básicas, donde guardamos nuestras pertenencias, conservando nuestro propio espacio para la intimidad y para compartir con los seres queridos. Se trata de un lugar para crecer, al que pertenecer, que forma parte de nuestra identidad. Es el rinconcito del mundo en el que puedo sentir seguridad.
Mientras que veía los testimonios de estas personas en el documental, no podía dejar de pensar la gran sensación de inseguridad que debían sentir, el sentimiento de no pertenecer a ningún lugar, de desarraigo. Pero a esto se le suma los derechos fundamentales que se les niega, como por ejemplo, la sanidad. Así encontramos que cuando una persona quiere ejercer algunos de sus derechos o participar en la vida social, se les dificulta o se les ignora. En el ejemplo de la sanidad, para que ésta sea completa y gratuita, se necesita estar afiliado a la Seguridad Social, y esto a su vez, necesita la incorporación al mundo laboral con su respectiva contribución. En el documental, uno de los testimonios manifiesta su preocupación, pues como dice él mismo “¿quién va a contratar a una persona exdrogadicta y que vive en la calle?”. Nos encontramos aquí con una situación de exclusión y comprobamos lo difícil que es salir de ésta, así me pregunto ¿qué alternativa tienen estas personas?

A lo largo de la historia, se han producido diferentes interpretaciones subjetivas sobre este hecho, lo que marca la forma de intervención. De esta forma, según la idea que se tenga del término “sin hogar”, se elegirá un programa de intervención preventivo, o un de intervención asistencial. Además, si la intervención se centra en definir un perfil común a estas personas para facilitar la realización de proyectos, nos apartamos de las características y potencialidades individuales en las que el profesional debería prestar especial atención. Pues nos enfrentamos ante un colectivo bastante heterogéneo, donde la idea esteriotipada sobre el vagabundo ha ido cambiando a través del tiempo, y de la misma manera deberían variar los programas y recursos dedicados a su atención.
En la actualidad encontramos recursos mayoritariamente de tipo asistencial, pero que no solucionan el problema. Así existen las viviendas de inserción que son gestionadas por administraciones públicas o por entidades sin ánimo de lucro, en régimen de alquiler u otras formas de ocupación, destinada a atender personas que requieren una atención especial, y los albergues o centros de acogida que dan una respuesta temporal al problema, pero que no pueden obviar la necesidad de otras alternativas. También encontramos los comedores sociales y las numerosas ONGs y asociaciones que se encargan de aliviar las necesidades de frío y hambre que sufren diariamente tantas personas. Este es el caso de Cruz Roja que aparece en el documental, donde sus voluntarios nos cuentan el trabajo que realizan en Almería.
También me parece interesante nombrar a la Fundación Rais, que realiza un gran trabajo con el colectivo, y que consta de diferentes programas y proyectos de intervención. Entre ellos encontramos el programa de acceso a los recursos con actividades como el rincón del encuentro y trabajo de calle, programa de acompañamiento social, alojamiento, activación, empleo e inmigrantes. Todos estos programas tratan de dar una respuesta que vaya más allá que la mera asistencia, confiando en los recursos y potencialidades propias de cada persona.

Por lo que se necesita de una intervención urgente, y nosotros como futuros educadores sociales, ¿cuál podría ser nuestra labor?
Una alternativa sería la realización de programas individualizados, que permitan trabajar tanto a nivel preventivo, como asistencial y de recuperación, “atendiendo no sólo a las características comunes, sino en mayor importancia a la individualidad de la persona con la que intervenimos, a su propia biografía, a su historia y su proceso” (S. Madrid, 2009). Otro punto importante es la sensibilización de la sociedad para que se produzca un cambio y esto requiere mayor esfuerzo que las campañas publicitarias que ya se están llevando a cabo. Como he mencionado algunas líneas atrás, existen numerosas organizaciones que intentan trabajar con el colectivo, pero se necesita de una profesionalización de los voluntarios, así como la implicación de las administraciones públicas, realizando políticas integradoras y ofreciendo recursos efectivos.
Aquí dejo el enlace del documental, el cual animo a verlo, pues no tiene desperdicio ninguno.
http://www.canalsuralacarta.es/television/video/a-la-intemperie/11643/9
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